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sábado, septiembre 5

A tientas

Yo no recordaba donde estaba la llave para abrir mi pecho.
Lo cerré y prescindí de ella.

Total, había entendido y me había acostumbrado a vivir cada día como si fuera el último sin esperar un soplo de aire fresco. Sin esperar nada de nadie. Ningún milagro.

Y sin quererlo... un vendaval se llevó toda esa maraña de esperanzas rotas donde yo había aprendido a ser feliz. Donde yo me había hecho mi ''rinconcito'' y del cuál nunca querría haber salido.
Yo sabía que era una luchadora.
Yo había trabajado duro por creérmelo.

Y descubrí que la vida aún tiene mucho que ofrecerme -aún tengo mucho que luchar-
Cuando crees que la vida te pisa los talones y te quedas sin tiempo para vivir, cuando crees que la ansiedad de auto-gestionar tus emociones y hacer auto-crítica del pasado te consume...

Aparece.

Aparece para hacerte entender que puedes ser tú sin ser tú sola.
Que puedes irte lejos sin necesidad de despedirte.
Que puedes elegir aún eligiéndole.

Yo no buscaba nada y lo encontré.

Yo nunca me hubiera imaginado y ahora no paro de soñar despierta.


Qué sano es darle la oportunidad a la vida de posicionarte donde
tú ansías. Sin prisas. Con miedos.
Que bien sienta empezar de cero -con tanto pasado a las espaldas-
Pero no pesa. Nunca más pesará.